
¿Qué sabemos realmente del otro?
Una reflexión sobre las artes marciales, el ego y el peligro de juzgar sin comprender.
Diego Jeremías Flores
7/25/20265 min leer
"Hay logros que sólo sabe que son logros quien los vive desde adentro."
Hace algún tiempo recibí algunos comentarios malintencionados sobre una publicación que compartí. En un primer momento me molesté, como creo que le pasaría a cualquiera.
Pero después me detuve a pensar.
Me hice algunas preguntas.
¿Qué es lo que verdaderamente sabe esta persona sobre lo que estoy haciendo y por qué lo estoy haciendo?
¿Acaso conoce el contexto?
¿Sabe cómo fue ese día para mí?
¿Sabe por qué elegí compartir ese momento con un montón de gente conocida y, más aún, desconocida, que no sabe quién soy ni qué hago?
Como todas las respuestas fueron negativas, entendí que no tenía ningún sentido seguir molestándome.
Pero creo que lo más valioso que me dejó aquella situación fue otra pregunta.
¿Cuántas veces he sido yo quien ha opinado sobre algo o sobre alguien sin saber qué había detrás de ello?
Y creo que esa pregunta terminó enseñándome mucho más que la propia crítica.
Antes de juzgar
La crítica estaba relacionada con una técnica de un arte marcial, pero la realidad es que solemos hacer exactamente lo mismo en todos los ámbitos de nuestra vida.
Y, muchas veces, con las personas que tenemos más cerca. En quienes confiamos. A quienes queremos. Con quienes compartimos nuestro día a día.
Hay logros que sólo sabe que son logros quien los vive desde adentro.
A veces un logro consiste simplemente en estar en un lugar en un momento determinado.
Dar un paso.
Poder descansar.
Sentarse.
O animarse a hacer algo que para otro puede parecer insignificante.
Hay tanto que desconocemos de nosotros mismos por no prestarnos atención, que queremos entender al otro sin primero empezar por nosotros.
Y antes que entenderlo...
lo juzgamos.
Cuando se habla del silencio, quizás sea más importante no estar callados, ni interna ni externamente, sino encontrar la paz de no identificarnos con ningún pensamiento. Sobre todo, con aquellos pensamientos que nacen del juicio hacia los demás.
Es mejor darle lo bueno a los demás.
Y si no hay nada bueno para dar, dejar que cada uno transite con lo suyo.
Es mejor enfocarnos en nosotros mismos y no mirar tanto hacia afuera.
Y si miramos hacia afuera...
procuremos no apagar la luz de nadie.
¿Qué significa realmente que una técnica "sirva"?
En el ámbito de las artes marciales y los deportes de combate la crítica es algo que vemos muy a menudo.
Existe un afán constante por demostrar que la disciplina del otro no sirve, que su escuela está equivocada o que determinada técnica no tendría aplicación en una situación real.
Y me resulta curioso.
Porque hablamos de prácticas que, al menos en las artes marciales modernas, dejaron de tener como único objetivo la destrucción del oponente.
Con la incorporación del "Do", muchas artes marciales comenzaron a hablar de un camino.
Y un camino nunca puede reducirse únicamente a la eficacia de una técnica.
Para mí, la práctica de las artes marciales modernas representa una evolución respecto de las antiguas. Sin dejar de lado su aspecto marcial, el foco deja de estar puesto exclusivamente en vencer a un adversario y comienza a dirigirse también hacia algo mucho más difícil: conocernos a nosotros mismos.
La técnica deja de ser un fin para convertirse en un medio. Un medio para descubrir nuestras virtudes, pero también nuestros límites.
Límites físicos.
Límites emocionales.
Y muchas veces límites que ni siquiera sabíamos que existían.
La técnica como espejo
En Aikido, por ejemplo, una caída muchas veces no sale porque el cuerpo se contrae.
Queremos controlar.
Queremos resistir.
Queremos hacerlo perfecto.
Sin embargo, cuando respiramos, nos relajamos y confiamos en la acción, algo cambia.
La técnica comienza a fluir.
Y uno descubre que la barrera no estaba en la técnica.
Estaba en uno mismo.
Esa experiencia habla mucho de la propuesta del Aikido, aunque creo que otras artes marciales llegan a conclusiones similares utilizando otro lenguaje y otros métodos.
Quizás cambien las formas.
Pero muchas veces el aprendizaje es el mismo.
Más allá de la técnica
Muchas personas comienzan un arte marcial porque quieren aprender a defenderse.
Y no hay nada de malo en eso.
Pero con el tiempo, muchos descubren que aquello que empezó siendo una búsqueda de herramientas para afrontar un conflicto externo termina convirtiéndose en una oportunidad para enfrentar conflictos mucho más internos.
A veces somos tan fanáticos de una idea que nos contamos a nosotros mismos, que terminamos perdiendo la objetividad. Miramos todo a través de un velo que no nos permite ver lo que realmente hay detrás.
Más allá de que una técnica nos guste o no.
Más allá de que nos parezca correcta o incorrecta.
Más allá de que creamos que sirve o no sirve.
Creo que lo verdaderamente importante es de qué manera esa práctica transforma a quien la realiza.
Quizás esa práctica le sacó una sonrisa a alguien que estaba atravesando un momento difícil.
Quizás lo frustró.
Pero fue justamente esa frustración la que despertó esa parte del ego que le dijo que podía hacerlo mejor. Y gracias a eso superó un límite que, hasta ese momento, sólo existía en su mente.
Hay muchas batallas internas que sólo las conoce quien las está viviendo.
El camino
Cuando una disciplina incorpora el "Do", habla de un camino.
Y nadie puede decir cuál es el camino que otro debe recorrer.
Sería tan absurdo como decirle cómo debe vivir su propia vida.
Cada persona llega a una práctica por motivos distintos.
Algunos buscan defenderse.
Otros buscan salud.
Otros disciplina.
Otros compañía.
Otros simplemente necesitan encontrar un lugar donde volver a empezar.
Creo que lo importante no es decirle a alguien cuál debería ser su camino.
Lo importante es ser conscientes del camino que estamos recorriendo.
Porque muchas veces vivimos en piloto automático.
Entrenamos en piloto automático.
Trabajamos en piloto automático.
Y dejamos de preguntarnos algo fundamental:
¿Por qué hago lo que hago?
Creo que debemos hacer las cosas desde una elección consciente.
El camino lo elige cada uno.
La meta, probablemente, sea la misma para todos, aunque hoy no podamos describirla con claridad.
Hay momentos en los que parece cercana.
Y otros en los que apenas logramos verla.
Pero quizás eso también forme parte del camino.
Una reflexión final
Hoy miro aquella crítica de una manera muy distinta.
No porque haya cambiado mi opinión sobre ella.
Sino porque me regaló una pregunta que intento hacerme cada vez con más frecuencia.
¿Qué sé realmente de la historia del otro antes de juzgarla?
Probablemente nunca podamos conocer por completo las batallas que cada persona está librando.
Y quizá por eso valga la pena detenernos un instante antes de emitir un juicio.
Si podemos aportar algo, que sea algo bueno.
Y si alguna vez decidimos mirar hacia afuera...
Procuremos no apagar la luz de nadie.
Diego Jeremías Flores
Instructor de Aikido, Karate Do y Defensa Personal.
















